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martes, 22 de septiembre de 2026
¿ACAB o no ACAB?:
Historia.1 (H.1)
H.1.1. El narrador de Cuento chileno sobre un plinto vacío o La cosa de la plaza (CCH) de Matías Correa, publicado este año por Fondo de Cultura, parte anticipando la procedencia del cuento de Agustín Rivas (CAR): él se lo contó y afirmando que lo repetirá tal como lo recuerda. Subrayaría el tal como lo recuerda. Este es el Gran juramento sioux que da legalidad a la narración. Ahora bien, CAR no es lo mismo que CCH, ni funciona, por así decirlo, como una unidad independiente en su estructura narrativa. Luego se entenderá mejor, tal vez.
H.1.2. No sé jugar póker, pero el símil es bueno: tras dar vuelta las cartas en la forma señalada, el narrador se dedica a contar las circunstancias en las que conoció a Rivas junto al significativo plinto vacío de la estatua de Baquedano. No explicita sus motivos para estar donde está, solo nos enteramos que sacaba fotos y hacía mediciones en el lugar. Algunas de esas fotos, hay que asumir, corresponden a las que se intercalan en el texto. En tanto, Rivas, carabinero, hacía guardia allí mismo.
H.1.3. Casualidad.1 (C.1). Hace unos días encontré una lata vacía de crema Nivea (fondo azul, letras blancas) de las más grandes y me pareció un recipiente apropiado para guardar el tabaco. Pues bien, horas más tarde, comenzó a aparecer publicidad Nivea en mi teléfono. He escuchado casos similares. ¿Casualidad? ¿Espionaje de las grandes corporaciones? Ni idea. El caso es que a Rivas le pasó algo parecido con el narrador: se topó con un anuncio de un libro que este había publicado y lo reconoció. Entre paréntesis: ¿Estará vinculado el sistema operativo que usa Carabineros en los controles de identidad con las bases de datos de las grandes corporaciones de internet? Sería, por lo bajo, inconstitucional.
H.1.4. Excepcionalidad. La ocurrencia de C.1 tiene como efecto que Rivas decida mostrar su arte al narrador, en el que, imagino, cree identificar otro ser excepcional. Se trata de una obra conceptual y de ejecución a plazo indeterminado, consistente en ir soldando escombros encontrados en la vía pública, creando una suerte de escultura. A partir de este hito narrativo, Rivas deja de aparecer como un paco ordinario; Rivas y el narrador manejan ahora nueva información recíproca: uno es escritor y el otro es artista. El narrador va anotando apreciaciones sobre la obra y los elusivos comentarios pronunciados por Rivas a propósito: que no hay apuro y, si no se lo toma con calma, no le va a pillar el cuento; el verso trillado de Neruda: Me gusta cuando callas, porque estás como ausente, que, según el protagonista, le hace comprender que Rivas sabía lo que hacía; finalmente, la respuesta a la pregunta de si había terminado la obra: Casi, casi.
Historia.2 (H.2)
H.2.1. El narrador cuenta que acepta el encargo contra el tiempo de un amigo editor para escribir un cuento que se integraría a una antología de 18 cuentos sobre Chile, escritos por 18 autores y autoras de Latinoamérica. Como el cuentista chileno se había retractado a última hora, el amigo acudía al narrador como salvavidas. Subrayo la frase sobre Chile porque aparece literal y más adelante se dirá algo al respecto. Identificaré con la sigla CE al cuento encargado.
H.2.2. El narrador reflexiona sobre la responsabilidad asumida. ¿Qué cosa hacía de un cuento un cuento chileno? Creo que esto escapa a la crítica literaria, pero percibo aquí una confusión conceptual: no es lo mismo cuento sobre Chile que cuento chileno. Como sea. A continuación, hace contrapuntos entre su experiencia directa y ciertos consensos sobre la chilenidad, formulando posiciones al respecto: la épica como sueño/fantasía de un pueblo; la falsa noción de país como familia; la estructura de intercambio que supone el vender un cuento.
H.2.3. Casualidad.2 (C.2). Agobiado por la responsabilidad de escribir CE, el narrador sale a dar un paseo el domingo por la mañana. Se sienta en un café de Baquedano que tiene bien estudiado: completos aceptables y no mucho más; lleno por lo general. Casualmente, Rivas está sentado en una mesa próxima, acompañado de una mujer. Finge no verlo. Cuando la mujer se va, se le acerca.
Historia.3 (H.3)
H.3.1. C.2 sirve de ocasión propicia para que los personajes se pongan a conversar apropiadamente, vestidos ambos de civil, fumando y tomando chela. El narrador le cuenta sobre CE a Rivas, que, campechano, se ofrece a contarle un auténtico cuento chileno. Entonces se pone en marcha la narración de CAR que, como se dice desde el principio, involucra una mochila, una piña a la parrilla y una caja de contenido misterioso. Conviene dejar anotado que Matías Correa supera hábilmente la difícil prueba que siempre ha supuesto recrear la oralidad por escrito; no suena ni fruncido ni a los Atletas de la Risa, lo que es todo un logro. Como ya se dijo, lo que leeremos en esta parte corresponde, no a una grabación, tampoco a la voz en off de un narrador omnisciente (Morgan Freeman doblado al español latino), se trata de la escritura del recuerdo que tiene el narrador en la memoria. Y o tiene muy buena memoria o es un mentiroso descarado.
H.3.2. Casualidad.3 (C.3). En un punto de la trama de CAR, Rivas va a la casa del dueño de la mochila a devolvérsela. Es recibido por un anciano que, convenientemente para el relato, lo confunde con Rucio, su hijo perdido.
H.3.3. Impostura y desconfianza. Rivas le sigue la corriente al viejo, pero duda si lo confunde en serio o no. Había olvidado mencionar que en CAR la acción ocurre durante Fiestas Patrias, así que resulta natural que anciano y Rivas se pongan a empinar el codo. Lo que sí es extraño y divertido es que monten la parrilla, destartalada como debe ser, ¡para hacer una piña! Bueno, en el tercio final de la juerga, Rivas va al baño, ve un montón de cajas apiladas, de procedencia ilícita, está seguro, revisa una, descubre una máquina que no sabe para qué sirve y decide robarla. Robo gratuito, por puro hacer daño. Además, robo a un ladrón. En verdad, Rivas tiene salidas bastante originales, que lo hacen intervenir en el relato como una suerte de Pedro Urdemales, igual de malicioso, igual de winner, pero libre de toda atadura utilitarista.
H.3.4. Rivas cuenta que la máquina robada quedó tirada en el patio, hasta que, durante un asado, un sobrino le preguntó a cuánto le vendía la soldadora. En ese momento decidió que lo correcto era devolverla, pedir disculpas al viejo, en suma, enmendarse, actuar con decencia.
H.3.5. Casualidad.4 (C.4). ¿Cómo se dice cuando algo debiese coincidir, pero no coincide? Llamemos a esto incongruencia. Visto desde cierto punto de vista, la incongruencia tiende a ser casual. El caso es que Rivas vuelve a la casa del viejo, pero resulta que él ya no vive allí. Viven unas ecuatorianas.
H.3.6. La historia termina con Rivas perdiéndose en boca del Metro Baquedano. Previamente, en H.1, el protagonista ha declarado que sigue sin saber si CAR da alguna luz sobre las motivaciones artísticas de Rivas. Ahora, al final, se encarga además de empañar la fiabilidad de Rivas en tanto narrador de CAR, lo que, dadas las circunstancias, va mucho más allá de detalles de la narración oral: siente un rechazo pasajero hacia Rivas y, en sus palabras, se le aparece el fantasma de la sospecha; sintió además que había algo más grave que el robo de la soldadora que Rivas callaba; recuerda que Rivas le había dicho que le contaría la pura verdad y se cuestiona por qué le importaba tanto que le creyese; intenta retener a Rivas con otro schop que no le acepta; Rivas le dice que puede apropiarse de CAR, que solo le pide que no use su nombre; el narrador le pregunta cómo dijo que era su apellido (recordemos que va de civil, sin el apellido en el uniforme). Tal cual, responde Rivas sin responder, y se para para irse poniéndole una mano en el hombro al narrador, lo que le impide pararse a su vez de la silla. Esto es todo.
*
Abandono ahora la numeración y simbología de antes pues, en mis intenciones, solo pretendía hacer más limpia y clara la horrible carnicería del análisis crítico. Es cierto que fui dejando algunos comentarios aquí y allá cuando me pareció que era oportuno, pero igual quiero hacer unos apuntes más:
La cosa de la ficción/autoficción/metaficción
En la diada ficción/autoficción, entendiendo por ficción que todo es inventado y por autoficción que hay cosas que son verdad y otras inventadas, las fotos, sobre todo la del etiquetado del juego del plinto en la que figura el nombre del autor, le dan anclaje verificable a parte de CCH. El resto podría someterse a la misma lógica del narrador, pero a la inversa: ¿Por qué debería interesarle que le creamos o no? Ahora, en cuanto al costado metaficcional, entendiendo por tal a la escritura que se cuestiona a sí misma, sostengo que CCH jamás se cuestiona a sí mismo en conjunto; todos los cuestionamientos van dirigidos a CE, del que no leímos una sola línea, en relación a la atribución de chilenidad a una obra o chilenización de la escritura literaria, y a CAR, en relación a su fiabilidad narrativa y eficacia explicativa de la escultura de Rivas. Así, pese a las apariencias, CCH no es un cuento particularmente metaficcional, es un cuento bastante seguro de sí mismo, es decir, de la eficacia de su escritura.
Aprovecho para escribir algo a lo que le vengo dando vueltas: la autoficción, o eso que se ha dado en llamar literaturas del yo, ha sido bastante vapuleada por la crítica, sobre todo por la de mi propio espectro político: estética del narcicismo, pura banalidad, mercantilización de la intimidad, escritura PIME, funcional a la ideología individualista del neoliberalismo, etcétera. Es cierto, pero me gustaría discutirlo un poco (siempre he pensado que es más de izquierda discutir y hasta pelearse con la izquierda que enzarzarse con los fachos). Creo que las críticas a la autoficción que anoté tienen, sin embargo, más que ver con las cosas que narra ese yo semirreferencial que con la decisión formal de narrar las cosas que le pasan a uno mediante una escritura literaria que exhibe su propia condición de escritura. Si se quiere hacer un juicio estético/político serio a la autoficción, creo, habría que centrarse en las implicancias de sus aspectos formales más que en si el narrador cuenta que se tomó un helado de vainilla, lo dejó la polola o un paco le contó un cuento inquietante.
Las fotos
¡Ah! Las fotos. Uno de mis mejores amigos es fotógrafo, así que estoy acostumbrado a levantar discretamente una ceja cuando le oigo aludir a historias que cuentan las fotos. Pero al grano, ¿qué hacen en el cuento aparte de generar un marcador referencial en la realidad? ¿Cuentan una historia? ¿En qué sentido cuentan una historia si admitimos que la cuentan? No en el mismo sentido en que una narración escrita u oral cuenta una historia, eso es seguro. Si su disposición en CCH tiene alguna lógica, está bien escondida.
Paul Auster
Me atrevo a afirmar que si hay algo que Paul Auster tuvo fue hacer de la casualidad y la coincidencia la especialidad de la casa. No sé si eso lo complementó con personajes excéntricos como Rivas. Tendría que releerlo. El asunto es el siguiente. Creo que no soy el primero en notar que la narración, es decir, escribir narrativa, es trabajoso y cuesta un poco avanzar o, derechamente, decidirse a comenzar. En este sentido, creo que Matías Correa hizo bien en encomendarse a Auster: sin casualidades y personajes raros, el arte narrativo se volvería bastante impracticable.
¿ACAB o no ACAB?
Estoy tratando de responder por qué el CCH me pegó retardado un rato después de terminar de leer. Primero que todo, no creo que todos los policías sean bastardos, no por afecto a la policía, nada más lejos, sino por motivos de conciencia: no soporto las generalizaciones indebidas. Pero no sé. Suena tonto, pero uno igual se pregunta: si este paco es capaz de andar haciendo obras de arte conceptual, ¿de qué más será capaz? En nada bueno debe andar y así por el estilo. El que leyó Estrella distante de Bolaño se pasa otras películas más. Lo cierto es que CCH sugestiona: vemos cosas que no están allí. Cosas distorsionadas, confusas, como un collage de pesadillas. Si nos preguntaran, podríamos admitir que en realidad no están. Pero las vemos igual. Pienso que podría conectar interpretativamente lo anterior de alguna manera con el vacío de la estatua, pero no me quiero pasar de listo.
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