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sábado, 24 de octubre de 2026

Maupassant en Chile (III)

Dos apuntes sobre política y biopolítica en Bola de Sebo (Soluciones Escolares, Santiago, 1995).

-Cornudet es el personaje izquierdista de la historia. De él se dice, en la página 34, que cuando bebía, su gran barba, que había tomado el tono de su amada bebida, parecía crisparse de ternura; sus ojos se entrecerraban para no perder de vista su chop, y parecía llenar la única función para la cual había nacido. Había, al parecer, una afinidad en su espíritu entre las dos grandes pasiones que ocupaban toda su vida: la cerveza y la Revolución. Seguramente no podía probar la una sin pensar en la otra. 

Por lo visto es un viejo tópico este de la izquierda y la cerveza. No sé en qué consistirá ir a la universidad hoy en día, pero en mis tiempos se trataba sobre todo de tomar cerveza y ser de izquierda.
En primer plano, el actor Daniel Russo como Cornudet en la
 adaptación para TV dirigida por Philippe Bérenger (2011). 

-En simple, el nudo moral de Bola de Sebo puede resumirse así: el oficial prusiano mantendrá como rehenes a todos los respetables burgueses mientras la protagonista no le dé la pasada (y Bola de Sebo no piensa dársela). Las mujeres respetables, que antes la despreciaban por puta, ahora intentan convencerla de que de la pasada, total, es puta. En la narración se cuenta que citaron a todas las mujeres que en la historia habían detenido a los conquistadores, que habían hecho de su cuerpo un campo de batalla, un medio de dominación, un arma; mujeres que habían derrotado a seres horribles y detestados con sus caricias heroicas y que habían sacrificado su castidad a la venganza y la abnegación (página 53).

Encuentro súper llamativo lo progresista que suena la primera parte de la argumentación —suena casi a Judith Butler—: el cuerpo como bastión de resistencia, campo de batalla, dispositivo de poder y arma. Todo esto contrasta con lo reaccionaria que suena la segunda parte: caricias heroicas, abnegación y castidad como ofrenda sacrificial.

sábado, 17 de octubre de 2026

Maupassant en Chile (II)

Mi momento Maupassant, que a la vez es un momento chileno, se alarga y se alarga y esta vez pienso versar sobre la famosa señorita Bola de Sebo. Como se sabe, la novelita no tarda en arrancar en un carruaje cuyos pasajeros son principalmente gente respetable que desprecia a nuestra heroína por ser puta. Y bueno, el viaje es lento, avanza a rueda de carreta. Y nadie lleva su cocaví. Tampoco se vislumbran servicentros ni restaurantes de carretera, así que la gente bien va hambrienta y de mal humor. Dije nadie lleva cocaví, pero la verdad es que Bola de Sebo, prudente, sí lleva un refrigerio en su canasta: dos pollos enteros trozados y conservados en gelatina; patés; panes régence; cuatro botellas de burdeos; foie gras; paté de pajaritos; lengua ahumada; peras de Crassane; queso Pont-l’Évêque; petits-fours y pepinillos y cebollas en escabeche. Bola de Sebo, muy empática, comparte lo suyo con los burgueses. Hecha esta introducción, pongo ojo en la siguiente frase sobre los gustos femeninos, que recorto de la versión de editorial Nascimento (1972):

Creo que al leer Bola de Sebo se impone el enfoque de género. Es más, tengo la ridícula idea de que, más que leerla con enfoque de género, es el propio enfoque de género el que lo lee a uno: simplemente no se puede dejar pasar esta generalización sobre las mujeres, prácticamente salta de la página de tan extraña y sugerente. ¿Qué quiere decir aquello de adorar los excitantes? Al principio tuve la vaga sospecha de algo erótico, pero investigando aprendo que, en jerga de la cocina francesa, se nombra así a los pickles y a otros condimentos fuertes. Bueno, todo en orden hasta que comparo con la versión de la Gran Biblioteca Soluciones Escolares (1983):   

¿Lo crudo? ¿Y qué pasó con lo excitante? ¿Qué tiene que ver? Claro, los pepinillos y las cebollas en escabeche están crudos. Pero, ¿por qué esta traducción se aparta tanto de la otra? ¿Serán sinónimos, en francés culinario, crudo y excitante? Perplejidad.

Esta vez decidí consultar el original, donde se lee:   

Boule de Suif, comme toutes les femmes, adorant les crudités.

Sin saber francés, creo que la línea queda súper clara con el dato de que crudités es otra expresión en jerga culinaria, que significa verduras crudas. Simples verduras, ni excitantes ni pickles. Parece que la traducción de Soluciones Escolares andaría más cerca del sentido original. Como sea, varias preguntas quedan en el aire. ¿Qué extraño prejuicio sobre las mujeres es este de la afición a las verduras crudas? ¿No se supone que los narradores del naturalismo eran objetivos como científicos describiendo un experimento? ¿Es algo que tiene que ver con que las mujeres se cuidarían de engordar? ¿Se trata entonces de una ironía gordofóbica contra nuestra heroína? ¿Era más rellenito o más delgado el canon de belleza impuesto a las mujeres de esa época? ¿Había acaso un canon especial para las putas?     

jueves, 15 de octubre de 2026

Tregua y alianza

Crecer como niño católico y convertirse en adulto marxista debe haber sido un recorrido bastante transitado en algún tiempo. Entre las décadas de 1950 y 1960, posiblemente. Pensaba decir algo sobre mi propia conversión al marxismo, pero mejor centrémonos en la versión de Estela Lorca (1918-2012) del libro Edmund Campion: Jesuit and Martyr de Evelyn Waugh, traducido como El jesuita y la reina (Nuevo Extremo, 1960).

La parte que me interesa abordar aquí es la reacción de los teólogos católicos ante el polémico panfleto Decem Rationes (1581) de Campion: una defensa del catolicismo inglés frente a la represión llevada a cabo por Isabel I. Dos de sus razones me parecen especialmente poderosas y extrapolables a otras discusiones: la tercera, es decir, que los protestantes, al negar una Iglesia visible, niegan la existencia de toda Iglesia para efectos prácticos; y la séptima, en que se argumenta que la historia de la Iglesia es continua y, por tanto, los protestantes carecerían de una tradición viva que los vincule al cristianismo original.

En el siglo XVI, las polémicas eran tanto o más públicas que las de nuestras actuales redes sociales y así, la sangrienta represión quedó empapelada de panfletos protestantes y católicos. Escribe Waugh/Lorca a propósito:
Dicho de otro modo, los teólogos católicos dan una tregua al fuego amigo y se alían provisionalmente, pero el contenido de su alianza es muy poco bélico: elogiar a uno de los suyos, no combatir abiertamente a sus adversarios. Mi comentario será un gran Uhm, sin asomo de condescendencia.

Maupassant en Chile (I)


Estoy atravesando un período Maupassant.

Leo, pues, el cuento En el mar, en la traducción de Andrés Bello (Ximena Garcés Barros, 1982), que comparo con la traducción de Quimantú (no atribuida, 1973). Dejo intencionalmente fuera cierta información y esbozo su argumento:

Durante una tempestad, un pescador del Canal de la Mancha queda con el brazo atrapado entre un mástil (cuyo nombre marinero omito) y una soga (cuyo nombre marinero también omito). Su hermano, capitán del barco, se niega a cortarla porque, si lo hace, las redes se hundirán en el mar y estas valen 1.500 francos. Tras ciertas maniobras náuticas, finalmente consiguen liberarlo, pero el brazo ya está destrozado. Los marineros le prestan los primeros auxilios: le hacen un torniquete con una cuerda y le echan agua salada en la herida. Al día siguiente, para prevenir la gangrena, el herido no encuentra nada mejor que amputarse el brazo con sus propias manos. Llama la atención su entereza: no chilla ni se lamenta, sino que se queda sentado en cubierta, sobre las velas plegadas, pensativo. De regreso al puerto, recupera el brazo que había guardado a bordo y manda construir un pequeño ataúd. La tripulación asiste al funeral; el sacristán lleva el cadáver bajo la axila. En adelante, cada vez que le preguntan por el accidente, el manco repite que su hermano prefirió la red antes que su integridad.

Di por supuesto desde el principio que las traducciones serían diferentes (circunstancia que habilita la comparación); lo que no esperaba era encontrar un pasaje en el que ambas traducciones sacaran chispas de tan contrapuestas. El pasaje aparece después de que el menor de los Javel se corta el brazo. Ocurre que, contra la propuesta de su hermano de tirar el brazo por la borda, decide conservarlo. A un marinero se le ocurre guardarlo en un barril de salmuera, tal como se hace con el pescado. A todos les parece una buena idea y siguen echando pescados sobre la extremidad amputada. Entonces, uno de los marineros hace un chiste y el narrador describe el efecto que produce en la tripulación:

En la traducción de Andrés Bello:

—Siempre que no lo rematemos con la pesca.

Y todos rieron, incluso los dos Javel.

En la traducción de Quimantú:

—Podríamos subastarlo con lo demás.

Y todo el mundo rió, excepto los dos Javel.

Me tomó un ratito descubrir cuál de las dos traducciones era la infiel. No revelaré los resultados de la pesquisa, pues estoy casi seguro de que quien se interese obtendrá una pequeña alegría investigando por su cuenta. Además, la fidelidad a la letra no es determinante para los fines —menos claros, me temo— a los que quiero encaminar este texto.

Alone y Jobet

Antes de seguir, quiero hacer una escala en la crítica nacional. En verdad todo es nacional aquí, porque mi momento Maupassant es, más precisamente, sobre Maupassant en Chile, sobre leer lo que queda de las ruinas de mi biblioteca, en casa de mis padres, en el campo, en el que viene siendo el peor año de mi vida. Todo es chileno acá. Pero en fin, partamos por Alone que, en su prólogo para la antología de Andrés Bello, cita a Stefan Zweig: Maupassant posee un sentido de la medida casi sobrenatural. Con diez rasgos crea un tipo… Cada una de sus líneas es concisa e inmutable. A su vez, Jorge Jobet, en el prólogo de la edición de Quimantú, señala: Maupassant era un trabajador metódico y responsable (…) Apenas una que otra tachadura recarga sus originales, hecho que revela la acuciosidad que ponía en su labor y la posesión previa del tema respectivo. En pocas palabras está definido el personaje y descrita la escena.

Se aprecia, pues, una gran coincidencia entre los prologuistas respecto a la economía de medios, es decir, de palabras, como un rasgo digno de admiración en el autor. De lo anterior se sigue que, en el universo maupassantiano, cada palabra cuenta. Además, al ser muy breves sus trabajos, cada palabra representa un porcentaje bastante importante de cada trabajo. Tal vez sea un error, pero igual diría que es como si una palabra en un cuento de Maupassant tuviera más significado que una palabra en Madame Bovary.

Análisis pseudoformal

La discrepancia entre las traducciones, sea cual sea la fiel, invita a plantearse algunas disyuntivas:

a) ¿El chiste es el de vender el brazo junto con los pescados o el de no hacerlo?

b) ¿Que toda la tripulación se ría del chiste o que se ría toda menos los hermanos Javel?

c) Por último, supongamos que le preguntáramos al fantasma de Maupassant —que obviamente no recuerda el cuento porque lo escribió hace mucho— cómo quedaría mejor su obra: ¿qué esperaríamos escuchar?

Lo divertido de responder preguntas como estas, creo, radica en que cualquier respuesta que demos (o que dé el fantasma de Maupassant, si saliera bien lo de la ouija) se fundará en una pequeña teoría literaria sobre el cuento que quisiéramos: el cuento más fiel al espíritu del autor, el más conforme al gusto del propio, el más coherente con el conjunto de la obra, el más cercano a los postulados de la escuela naturalista, el más políticamente incorrecto, etcétera.

A mí me gusta la broma de la traducción de Quimantú (Podríamos subastarlo con lo demás) porque me parece más cruel. Prefiero, en cambio, la reacción de la traducción de Andrés Bello (Y todos rieron, incluso los dos Javel), no solo porque reírse de la propia desgracia me parece una actitud estupenda, sino también porque la risa compartida de los hermanos —que, por supuesto, serían dos risas completamente diferentes— añade al texto capas de sentido, contradicciones y problemas que la alternativa del silencio compartido —dos silencios parecidos como hermanos— no aportaría ni por lejos.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Payas fomes

Hemos escuchado harta paya en lo que va del mes. Payas de cadenas de supermercados, payas en los matinales, paya del presidente. Pero no son payas, son versos memorizados, escritos por guionistas o asesores. ¿No nos deja con mala conciencia esta farsa? ¿No rebaja un poco la moral de la nación? Improvisen en esto por favor.

Acá el video de paya de Kast. Creo que su interés literario radica en que el texto afirma la fomedad gubernamental sin renunciar del todo a la gracia y picardía propias del género, pero la incurable fomedad de la declamación termina anulando cualquier atisbo de eficacia poética.  

viernes, 21 de agosto de 2026

Lo mejor en la tele

Lo mejor en la tele es ¡Qué dice Chile! de Canal 13. La dinámica es la típica: quien aprieta primero el botón responde la pregunta, va sumando puntos y al final hay un premio. Lo bkn en realidad es que no es un programa de conocimientos en el sentido usual del término. Se trata de achuntarle a las respuestas más populares que un grupo de 100 chilenos dio a encuestas de la vida cotidiana. Propongo un ejemplo, que en realidad es una pregunta que me vengo haciendo toda la mañana. Martín Cárcamo dice: Le preguntamos a 100 chilenos... Mencione una razón por la que alguien está acostado en una cama. Si quiero ganar el juego no me conviene pensar solo en mi mismo, onda, leyendo un ensayo filosófico o algo demasiado excéntrico, onda, ensayando para una obra de teatro. Lo que realmente me conviene hacer es pensar en qué respondieron esos 100 chilenos que, asumo de buena fe, son representativos de la comunidad lingüística a la que pertenezco o, como diría el segundo Wittgenstein, tener en cuenta los juegos de lenguaje al uso. Así, seguro que respuestas como flojeando, mirando tele o sencillamente durmiendo tendrían más probabilidades de sumar puntos.    

miércoles, 12 de agosto de 2026

Mac, el microbio políticamente inmaduro


Las profes de la básica rara vez consiguieron imponerme alguna lectura obligatoria. Lógicamente, esto dejó importantes vacíos en mi formación literaria temprana que, a ratos, cuando estoy de ánimo, trato de ir llenando. Dicho lo anterior, vuelvo a una lectura de los tiempos de la Pandemia. Entonces se me ocurrió echarle un vistazo al libro Mac, el microbio desconocido (Zig-Zag, 1947),de Hernán del Solar. El título siempre me había resultado atractivo, no tanto como para leer el libro, pero sí lo suficiente como para retenerlo en la memoria. Encontré el PDF a la primera búsqueda y, después de unos minutos de lectura superficial y zigzagueante, pude concluir que la obra trata, más que de microbios, del peligro de las incursiones políticas juveniles, las que el autor sugiere estarían invariablemente destinadas al fracaso. 

Resumo: Mac es un joven microbio que decide desoír la prudencia de los microbios mayores y emprender una expedición contra los humanos. Junto a otros microbios adolescentes consigue penetrar en el organismo de María Angélica, la niña cae enferma, pero la respuesta no tarda en llegar: los médicos desarrollan una vacuna llamada Loc, que termina derrotando a Mac y a sus compañeros. La aventura revolucionaria concluye, por tanto, como corresponde a toda incursión política juvenil según el pesimismo reaccionario del novelista: con los muchachos derrotados, sus fuerzas diezmadas y el protagonista expulsado del organismo del que pretendía hacerse con el poder. 

En el pasaje que más me quedó grabado, casi al final, Mac, ya derrotado, maldice a María Angélica. A continuación, el narrador introduce una oscura sentencia que no pretendo entender: (…) nadie ignora que la maldición de un microbio, por terrible que sea, no le hace mal sino al mismo microbio, aunque hay autores que sostienen lo contrario.

La ley de Teitelboim o la superioridad moral y/o intelectual como arma

 

A partir de declaraciones de Volodia Teitelboim puede sintetizarse una suerte de axioma según el cual las personas de derecha o son malas o son tontas. De ello se desprende, por oposición, que las de izquierda seríamos o buenas o inteligentes.

Resulta concebible, además, que dichos atributos —mala, tonta, buena e inteligente— se den en forma copulativa. Simplificando un tanto las cosas, podríamos identificar las siguientes combinaciones:

1. Persona de derecha

1.1. Mala y tonta: gorila fascista.

1.2. Mala e inteligente: sociópata del Departamento de Inteligencia.

1.3. Buena y tonta: lacayo patronal pobre de espíritu.

2. Persona de izquierda

2.1. Buena e inteligente: paladín del pueblo.

2.2. Buena y tonta: militante de pocas luces.

2.3. Mala e inteligente: estratega revolucionario comedor de guaguas.

Como se aprecia, de acuerdo con la que llamaremos Ley de Teitelboim, tanto las personas de izquierda como las de derecha podrían llegar a ser buenas y tontas o malas e inteligentes. Se distinguirían, sin embargo, en que solo las primeras podrían alcanzar el colmo de la virtud, es decir, ser buenas e inteligentes, mientras que ser malas y, además, tontas estaría reservado exclusivamente a las de derecha.

De lo anterior se desprende que tenemos tres categorías posibles para cada bando. Si cada una de las categorías de izquierda puede enfrentarse con cada una de las categorías de derecha, obtenemos nueve escenarios posibles. La ventaja de este procedimiento es que permite sustituir una discusión política, que suele ser bastante desagradable, por una operación matemática de relativa sencillez.

La utilidad de la Ley de Teitelboim radica precisamente en que permite predecir el triunfo moral y/o intelectual de la izquierda sobre la derecha en seis de los nueve escenarios posibles, con dos empates y una sola derrota, asumiendo que la bondad, en tanto virtud, prevalece sobre la inteligencia:

Izquierda

    Derecha

    Resultado

1. Buena e inteligente

    Mala y tonta

    Izquierda

2. Buena e inteligente

    Mala e inteligente

    Izquierda

3. Buena e inteligente

    Buena y tonta

    Izquierda

4. Buena y tonta

    Mala y tonta

    Izquierda

5. Buena y tonta

    Mala e inteligente

    Izquierda

6. Buena y tonta

    Buena y tonta

    Empate

7. Mala e inteligente

    Mala y tonta

    Izquierda

8. Mala e inteligente

    Mala e inteligente

    Empate

9. Mala e inteligente

    Buena y tonta

    Derecha

Tenemos, por lo tanto, una tasa de victoria de dos tercios para la izquierda. No parece necesario efectuar mayores cálculos para comprender que se trata de una ventaja considerable, aunque sería irresponsable descartar la posibilidad de que en un futuro estudio aparezcan factores que modifiquen estos resultados, como el clima, la abstención electoral o que el adversario, contra todo pronóstico, resulte ser simpático.

Estimamos que conocer las implicancias de la Ley de Teitelboim permitirá a los cuadros revolucionarios afrontar en forma más efectiva la lucha discursiva en asambleas, concentraciones, reuniones familiares, de camaradería y, sobre todo, en las redes sociales. Ante la aparición de un adversario que sostenga una opinión contraria, bastará determinar a cuál de las tres categorías pertenece para saber, con un grado razonable de anticipación, quién se impondrá.

Finalmente, llamamos la atención sobre la relativa esterilidad de emplear adjetivos calificativos como si fueran trincheras y municiones. ¿Qué seguirá a continuación? ¿Decirles que además son feos Sinceramente creemos que se hace necesario emplear otros métodos si lo que queremos es aplastar a nuestros enemigos como cucarachas.

Maupassant en Chile (III)

Dos apuntes sobre política y biopolítica en Bola de Sebo (Soluciones Escolares, Santiago, 1995). -Cornudet es el personaje izquierdista de ...