A partir de declaraciones de Volodia Teitelboim puede sintetizarse una suerte de axioma según el cual las personas de derecha o son malas o son tontas. De ello se desprende, por oposición, que las de izquierda seríamos o buenas o inteligentes.
Resulta concebible, además, que dichos atributos —mala,
tonta, buena e inteligente— se den en forma copulativa. Simplificando un tanto
las cosas, podríamos identificar las siguientes combinaciones:
1. Persona de derecha
1.1. Mala y tonta: gorila fascista.
1.2. Mala e inteligente: sociópata del Departamento de
Inteligencia.
1.3. Buena y tonta: lacayo patronal pobre de espíritu.
2. Persona de izquierda
2.1. Buena e inteligente: paladín del pueblo.
2.2. Buena y tonta: militante de pocas luces.
2.3. Mala e inteligente: estratega revolucionario comedor
de guaguas.
Como se aprecia, de acuerdo con la que llamaremos Ley de
Teitelboim, tanto las personas de izquierda como las de derecha podrían llegar
a ser buenas y tontas o malas e inteligentes. Se distinguirían, sin embargo, en
que solo las primeras podrían alcanzar el colmo de la virtud, es decir, ser
buenas e inteligentes, mientras que ser malas y, además, tontas estaría
reservado exclusivamente a las de derecha.
De lo anterior se desprende que tenemos tres categorías
posibles para cada bando. Si cada una de las categorías de izquierda puede
enfrentarse con cada una de las categorías de derecha, obtenemos nueve
escenarios posibles. La ventaja de este procedimiento es que permite sustituir
una discusión política, que suele ser bastante desagradable, por una operación
matemática de relativa sencillez.
La utilidad de la Ley de Teitelboim radica precisamente en
que permite predecir el triunfo moral y/o intelectual de la izquierda sobre la
derecha en seis de los nueve escenarios posibles, con dos empates y una sola
derrota, asumiendo que la bondad, en tanto virtud, prevalece sobre la
inteligencia:
|
Izquierda |
Derecha |
Resultado |
|
1. Buena e inteligente |
Mala y tonta |
Izquierda |
|
2. Buena e inteligente |
Mala e inteligente |
Izquierda |
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3. Buena e inteligente |
Buena y tonta |
Izquierda |
|
4. Buena y tonta |
Mala y tonta |
Izquierda |
|
5. Buena y tonta |
Mala e inteligente |
Izquierda |
|
6. Buena y tonta |
Buena y tonta |
Empate |
|
7. Mala e inteligente |
Mala y tonta |
Izquierda |
|
8. Mala e inteligente |
Mala e inteligente |
Empate |
|
9. Mala e inteligente |
Buena y tonta |
Derecha |
Tenemos, por lo tanto, una tasa de victoria de dos tercios
para la izquierda. No parece necesario efectuar mayores cálculos para
comprender que se trata de una ventaja considerable, aunque sería irresponsable
descartar la posibilidad de que en un futuro estudio aparezcan factores que
modifiquen estos resultados, como el clima, la abstención electoral o que el
adversario, contra todo pronóstico, resulte ser simpático.
Estimamos que conocer las implicancias de la Ley de
Teitelboim permitirá a los cuadros revolucionarios afrontar en forma más
efectiva la lucha discursiva en asambleas, concentraciones, reuniones
familiares, de camaradería y, sobre todo, en las redes sociales. Ante la
aparición de un adversario que sostenga una opinión contraria, bastará
determinar a cuál de las tres categorías pertenece para saber, con un grado
razonable de anticipación, quién se impondrá.
Finalmente, llamamos la atención sobre la relativa esterilidad de emplear adjetivos calificativos como si fueran trincheras y municiones. ¿Qué seguirá a continuación? ¿Decirles que además son feos Sinceramente creemos que se hace necesario emplear otros métodos si lo que queremos es aplastar a nuestros enemigos como cucarachas.

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