Las profes de la básica rara vez consiguieron imponerme alguna lectura obligatoria. Lógicamente, esto dejó importantes vacíos en mi formación literaria temprana que, a ratos, cuando estoy de ánimo, trato de ir llenando. Dicho lo anterior, vuelvo a una lectura de los tiempos de la Pandemia. Entonces se me ocurrió echarle un vistazo al libro Mac, el microbio desconocido (Zig-Zag, 1947),de Hernán del Solar. El título siempre me había resultado atractivo, no tanto como para leer el libro, pero sí lo suficiente como para retenerlo en la memoria. Encontré el PDF a la primera búsqueda y, después de unos minutos de lectura superficial y zigzagueante, pude concluir que la obra trata, más que de microbios, del peligro de las incursiones políticas juveniles, las que el autor sugiere estarían invariablemente destinadas al fracaso.
Resumo: Mac es un joven microbio que decide desoír la prudencia de los microbios mayores y emprender una expedición contra los humanos. Junto a otros microbios adolescentes consigue penetrar en el organismo de María Angélica, la niña cae enferma, pero la respuesta no tarda en llegar: los médicos desarrollan una vacuna llamada Loc, que termina derrotando a Mac y a sus compañeros. La aventura revolucionaria concluye, por tanto, como corresponde a toda incursión política juvenil según el pesimismo reaccionario del novelista: con los muchachos derrotados, sus fuerzas diezmadas y el protagonista expulsado del organismo del que pretendía hacerse con el poder.
En el pasaje que más me quedó grabado, casi al final, Mac, ya derrotado, maldice a María Angélica. A continuación, el narrador introduce una oscura sentencia que no pretendo entender: (…) nadie ignora que la maldición de un microbio, por terrible que sea, no le hace mal sino al mismo microbio, aunque hay autores que sostienen lo contrario.

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