sábado, 24 de octubre de 2026

Maupassant en Chile (III)

Dos apuntes sobre política y biopolítica en Bola de Sebo (Soluciones Escolares, Santiago, 1995).

-Cornudet es el personaje izquierdista de la historia. De él se dice, en la página 34, que cuando bebía, su gran barba, que había tomado el tono de su amada bebida, parecía crisparse de ternura; sus ojos se entrecerraban para no perder de vista su chop, y parecía llenar la única función para la cual había nacido. Había, al parecer, una afinidad en su espíritu entre las dos grandes pasiones que ocupaban toda su vida: la cerveza y la Revolución. Seguramente no podía probar la una sin pensar en la otra. 

Por lo visto es un viejo tópico este de la izquierda y la cerveza. No sé en qué consistirá ir a la universidad hoy en día, pero en mis tiempos se trataba sobre todo de tomar cerveza y ser de izquierda.
En primer plano, el actor Daniel Russo como Cornudet en la
 adaptación para TV dirigida por Philippe Bérenger (2011). 

-En simple, el nudo moral de Bola de Sebo puede resumirse así: el oficial prusiano mantendrá como rehenes a todos los respetables burgueses mientras la protagonista no le dé la pasada (y Bola de Sebo no piensa dársela). Las mujeres respetables, que antes la despreciaban por puta, ahora intentan convencerla de que de la pasada, total, es puta. En la narración se cuenta que citaron a todas las mujeres que en la historia habían detenido a los conquistadores, que habían hecho de su cuerpo un campo de batalla, un medio de dominación, un arma; mujeres que habían derrotado a seres horribles y detestados con sus caricias heroicas y que habían sacrificado su castidad a la venganza y la abnegación (página 53).

Encuentro súper llamativo lo progresista que suena la primera parte de la argumentación —suena casi a Judith Butler—: el cuerpo como bastión de resistencia, campo de batalla, dispositivo de poder y arma. Todo esto contrasta con lo reaccionaria que suena la segunda parte: caricias heroicas, abnegación y castidad como ofrenda sacrificial.

sábado, 17 de octubre de 2026

Maupassant en Chile (II)

Mi momento Maupassant, que a la vez es un momento chileno, se alarga y se alarga y esta vez pienso versar sobre la famosa señorita Bola de Sebo. Como se sabe, la novelita no tarda en arrancar en un carruaje cuyos pasajeros son principalmente gente respetable que desprecia a nuestra heroína por ser puta. Y bueno, el viaje es lento, avanza a rueda de carreta. Y nadie lleva su cocaví. Tampoco se vislumbran servicentros ni restaurantes de carretera, así que la gente bien va hambrienta y de mal humor. Dije nadie lleva cocaví, pero la verdad es que Bola de Sebo, prudente, sí lleva un refrigerio en su canasta: dos pollos enteros trozados y conservados en gelatina; patés; panes régence; cuatro botellas de burdeos; foie gras; paté de pajaritos; lengua ahumada; peras de Crassane; queso Pont-l’Évêque; petits-fours y pepinillos y cebollas en escabeche. Bola de Sebo, muy empática, comparte lo suyo con los burgueses. Hecha esta introducción, pongo ojo en la siguiente frase sobre los gustos femeninos, que recorto de la versión de editorial Nascimento (1972):

Creo que al leer Bola de Sebo se impone el enfoque de género. Es más, tengo la ridícula idea de que, más que leerla con enfoque de género, es el propio enfoque de género el que lo lee a uno: simplemente no se puede dejar pasar esta generalización sobre las mujeres, prácticamente salta de la página de tan extraña y sugerente. ¿Qué quiere decir aquello de adorar los excitantes? Al principio tuve la vaga sospecha de algo erótico, pero investigando aprendo que, en jerga de la cocina francesa, se nombra así a los pickles y a otros condimentos fuertes. Bueno, todo en orden hasta que comparo con la versión de la Gran Biblioteca Soluciones Escolares (1983):   

¿Lo crudo? ¿Y qué pasó con lo excitante? ¿Qué tiene que ver? Claro, los pepinillos y las cebollas en escabeche están crudos. Pero, ¿por qué esta traducción se aparta tanto de la otra? ¿Serán sinónimos, en francés culinario, crudo y excitante? Perplejidad.

Esta vez decidí consultar el original, donde se lee:   

Boule de Suif, comme toutes les femmes, adorant les crudités.

Sin saber francés, creo que la línea queda súper clara con el dato de que crudités es otra expresión en jerga culinaria, que significa verduras crudas. Simples verduras, ni excitantes ni pickles. Parece que la traducción de Soluciones Escolares andaría más cerca del sentido original. Como sea, varias preguntas quedan en el aire. ¿Qué extraño prejuicio sobre las mujeres es este de la afición a las verduras crudas? ¿No se supone que los narradores del naturalismo eran objetivos como científicos describiendo un experimento? ¿Es algo que tiene que ver con que las mujeres se cuidarían de engordar? ¿Se trata entonces de una ironía gordofóbica contra nuestra heroína? ¿Era más rellenito o más delgado el canon de belleza impuesto a las mujeres de esa época? ¿Había acaso un canon especial para las putas?     

jueves, 15 de octubre de 2026

Tregua y alianza

Crecer como niño católico y convertirse en adulto marxista debe haber sido un recorrido bastante transitado en algún tiempo. Entre las décadas de 1950 y 1960, posiblemente. Pensaba decir algo sobre mi propia conversión al marxismo, pero mejor centrémonos en la versión de Estela Lorca (1918-2012) del libro Edmund Campion: Jesuit and Martyr de Evelyn Waugh, traducido como El jesuita y la reina (Nuevo Extremo, 1960).

La parte que me interesa abordar aquí es la reacción de los teólogos católicos ante el polémico panfleto Decem Rationes (1581) de Campion: una defensa del catolicismo inglés frente a la represión llevada a cabo por Isabel I. Dos de sus razones me parecen especialmente poderosas y extrapolables a otras discusiones: la tercera, es decir, que los protestantes, al negar una Iglesia visible, niegan la existencia de toda Iglesia para efectos prácticos; y la séptima, en que se argumenta que la historia de la Iglesia es continua y, por tanto, los protestantes carecerían de una tradición viva que los vincule al cristianismo original.

En el siglo XVI, las polémicas eran tanto o más públicas que las de nuestras actuales redes sociales y así, la sangrienta represión quedó empapelada de panfletos protestantes y católicos. Escribe Waugh/Lorca a propósito:
Dicho de otro modo, los teólogos católicos dan una tregua al fuego amigo y se alían provisionalmente, pero el contenido de su alianza es muy poco bélico: elogiar a uno de los suyos, no combatir abiertamente a sus adversarios. Mi comentario será un gran Uhm, sin asomo de condescendencia.

Maupassant en Chile (I)


Estoy atravesando un período Maupassant.

Leo, pues, el cuento En el mar, en la traducción de Andrés Bello (Ximena Garcés Barros, 1982), que comparo con la traducción de Quimantú (no atribuida, 1973). Dejo intencionalmente fuera cierta información y esbozo su argumento:

Durante una tempestad, un pescador del Canal de la Mancha queda con el brazo atrapado entre un mástil (cuyo nombre marinero omito) y una soga (cuyo nombre marinero también omito). Su hermano, capitán del barco, se niega a cortarla porque, si lo hace, las redes se hundirán en el mar y estas valen 1.500 francos. Tras ciertas maniobras náuticas, finalmente consiguen liberarlo, pero el brazo ya está destrozado. Los marineros le prestan los primeros auxilios: le hacen un torniquete con una cuerda y le echan agua salada en la herida. Al día siguiente, para prevenir la gangrena, el herido no encuentra nada mejor que amputarse el brazo con sus propias manos. Llama la atención su entereza: no chilla ni se lamenta, sino que se queda sentado en cubierta, sobre las velas plegadas, pensativo. De regreso al puerto, recupera el brazo que había guardado a bordo y manda construir un pequeño ataúd. La tripulación asiste al funeral; el sacristán lleva el cadáver bajo la axila. En adelante, cada vez que le preguntan por el accidente, el manco repite que su hermano prefirió la red antes que su integridad.

Di por supuesto desde el principio que las traducciones serían diferentes (circunstancia que habilita la comparación); lo que no esperaba era encontrar un pasaje en el que ambas traducciones sacaran chispas de tan contrapuestas. El pasaje aparece después de que el menor de los Javel se corta el brazo. Ocurre que, contra la propuesta de su hermano de tirar el brazo por la borda, decide conservarlo. A un marinero se le ocurre guardarlo en un barril de salmuera, tal como se hace con el pescado. A todos les parece una buena idea y siguen echando pescados sobre la extremidad amputada. Entonces, uno de los marineros hace un chiste y el narrador describe el efecto que produce en la tripulación:

En la traducción de Andrés Bello:

—Siempre que no lo rematemos con la pesca.

Y todos rieron, incluso los dos Javel.

En la traducción de Quimantú:

—Podríamos subastarlo con lo demás.

Y todo el mundo rió, excepto los dos Javel.

Me tomó un ratito descubrir cuál de las dos traducciones era la infiel. No revelaré los resultados de la pesquisa, pues estoy casi seguro de que quien se interese obtendrá una pequeña alegría investigando por su cuenta. Además, la fidelidad a la letra no es determinante para los fines —menos claros, me temo— a los que quiero encaminar este texto.

Alone y Jobet

Antes de seguir, quiero hacer una escala en la crítica nacional. En verdad todo es nacional aquí, porque mi momento Maupassant es, más precisamente, sobre Maupassant en Chile, sobre leer lo que queda de las ruinas de mi biblioteca, en casa de mis padres, en el campo, en el que viene siendo el peor año de mi vida. Todo es chileno acá. Pero en fin, partamos por Alone que, en su prólogo para la antología de Andrés Bello, cita a Stefan Zweig: Maupassant posee un sentido de la medida casi sobrenatural. Con diez rasgos crea un tipo… Cada una de sus líneas es concisa e inmutable. A su vez, Jorge Jobet, en el prólogo de la edición de Quimantú, señala: Maupassant era un trabajador metódico y responsable (…) Apenas una que otra tachadura recarga sus originales, hecho que revela la acuciosidad que ponía en su labor y la posesión previa del tema respectivo. En pocas palabras está definido el personaje y descrita la escena.

Se aprecia, pues, una gran coincidencia entre los prologuistas respecto a la economía de medios, es decir, de palabras, como un rasgo digno de admiración en el autor. De lo anterior se sigue que, en el universo maupassantiano, cada palabra cuenta. Además, al ser muy breves sus trabajos, cada palabra representa un porcentaje bastante importante de cada trabajo. Tal vez sea un error, pero igual diría que es como si una palabra en un cuento de Maupassant tuviera más significado que una palabra en Madame Bovary.

Análisis pseudoformal

La discrepancia entre las traducciones, sea cual sea la fiel, invita a plantearse algunas disyuntivas:

a) ¿El chiste es el de vender el brazo junto con los pescados o el de no hacerlo?

b) ¿Que toda la tripulación se ría del chiste o que se ría toda menos los hermanos Javel?

c) Por último, supongamos que le preguntáramos al fantasma de Maupassant —que obviamente no recuerda el cuento porque lo escribió hace mucho— cómo quedaría mejor su obra: ¿qué esperaríamos escuchar?

Lo divertido de responder preguntas como estas, creo, radica en que cualquier respuesta que demos (o que dé el fantasma de Maupassant, si saliera bien lo de la ouija) se fundará en una pequeña teoría literaria sobre el cuento que quisiéramos: el cuento más fiel al espíritu del autor, el más conforme al gusto del propio, el más coherente con el conjunto de la obra, el más cercano a los postulados de la escuela naturalista, el más políticamente incorrecto, etcétera.

A mí me gusta la broma de la traducción de Quimantú (Podríamos subastarlo con lo demás) porque me parece más cruel. Prefiero, en cambio, la reacción de la traducción de Andrés Bello (Y todos rieron, incluso los dos Javel), no solo porque reírse de la propia desgracia me parece una actitud estupenda, sino también porque la risa compartida de los hermanos —que, por supuesto, serían dos risas completamente diferentes— añade al texto capas de sentido, contradicciones y problemas que la alternativa del silencio compartido —dos silencios parecidos como hermanos— no aportaría ni por lejos.

martes, 22 de septiembre de 2026

¿ACAB o no ACAB?:


Historia.1 (H.1)

H.1.1. El narrador de  Cuento chileno sobre un plinto vacío o La cosa de la plaza (CCH) de Matías Correa, publicado este año por Fondo de Cultura, parte anticipando la procedencia del cuento de Agustín Rivas (CAR): él se lo contó y afirmando que lo repetirá tal como lo recuerda. Subrayaría el tal como lo recuerda. Este es el Gran juramento sioux que da legalidad a la narración. Ahora bien, CAR no es lo mismo que CCH, ni funciona, por así decirlo, como una unidad independiente en su estructura narrativa. Luego se entenderá mejor, tal vez.

H.1.2. No sé jugar póker, pero el símil es bueno: tras dar vuelta las cartas en la forma señalada, el narrador se dedica a contar las circunstancias en las que conoció a Rivas junto al significativo plinto vacío de la estatua de Baquedano. No explicita sus motivos para estar donde está, solo nos enteramos que sacaba fotos y hacía mediciones en el lugar. Algunas de esas fotos, hay que asumir, corresponden a las que se intercalan en el texto. En tanto, Rivas, carabinero, hacía guardia allí mismo.

H.1.3. Casualidad.1 (C.1). Hace unos días encontré una lata vacía de crema Nivea (fondo azul, letras blancas) de las más grandes y me pareció un recipiente apropiado para guardar el tabaco. Pues bien, horas más tarde, comenzó a aparecer publicidad Nivea en mi teléfono. He escuchado casos similares. ¿Casualidad? ¿Espionaje de las grandes corporaciones? Ni idea. El caso es que a Rivas le pasó algo parecido con el narrador: se topó con un anuncio de un libro que este había publicado y lo reconoció. Entre paréntesis: ¿Estará vinculado el sistema operativo que usa Carabineros en los controles de identidad con las bases de datos de las grandes corporaciones de internet? Sería, por lo bajo, inconstitucional.

H.1.4. Excepcionalidad. La ocurrencia de C.1 tiene como efecto que Rivas decida mostrar su arte al narrador, en el que, imagino, cree identificar otro ser excepcional. Se trata de una obra conceptual y de ejecución a plazo indeterminado, consistente en ir soldando escombros encontrados en la vía pública, creando una suerte de escultura. A partir de este hito narrativo, Rivas deja de aparecer como un paco ordinario; Rivas y el narrador manejan ahora nueva información recíproca: uno es escritor y el otro es artista. El narrador va anotando apreciaciones sobre la obra y los elusivos comentarios pronunciados por Rivas a propósito: que no hay apuro y, si no se lo toma con calma, no le va a pillar el cuento; el verso trillado de Neruda: Me gusta cuando callas, porque estás como ausente, que, según el protagonista, le hace comprender que Rivas sabía lo que hacía; finalmente, la respuesta a la pregunta de si había terminado la obra: Casi, casi.

Historia.2 (H.2)

H.2.1. El narrador cuenta que acepta el encargo contra el tiempo de un amigo editor para escribir un cuento que se integraría a una antología de 18 cuentos sobre Chile, escritos por 18 autores y autoras de Latinoamérica. Como el cuentista chileno se había retractado a última hora, el amigo acudía al narrador como salvavidas. Subrayo la frase sobre Chile porque aparece literal y más adelante se dirá algo al respecto. Identificaré con la sigla CE al cuento encargado.

H.2.2. El narrador reflexiona sobre la responsabilidad asumida. ¿Qué cosa hacía de un cuento un cuento chileno? Creo que esto escapa a la crítica literaria, pero percibo aquí una confusión conceptual: no es lo mismo cuento sobre Chile que cuento chileno. Como sea. A continuación, hace contrapuntos entre su experiencia directa y ciertos consensos sobre la chilenidad, formulando posiciones al respecto: la épica como sueño/fantasía de un pueblo; la falsa noción de país como familia; la estructura de intercambio que supone el vender un cuento.

H.2.3. Casualidad.2 (C.2). Agobiado por la responsabilidad de escribir CE, el narrador sale a dar un paseo el domingo por la mañana. Se sienta en un café de Baquedano que tiene bien estudiado: completos aceptables y no mucho más; lleno por lo general. Casualmente, Rivas está sentado en una mesa próxima, acompañado de una mujer. Finge no verlo. Cuando la mujer se va, se le acerca.

Historia.3 (H.3)

H.3.1. C.2 sirve de ocasión propicia para que los personajes se pongan a conversar apropiadamente, vestidos ambos de civil, fumando y tomando chela. El narrador le cuenta sobre CE a Rivas, que, campechano, se ofrece a contarle un auténtico cuento chileno. Entonces se pone en marcha la narración de CAR que, como se dice desde el principio, involucra una mochila, una piña a la parrilla y una caja de contenido misterioso. Conviene dejar anotado que Matías Correa supera hábilmente la difícil prueba que siempre ha supuesto recrear la oralidad por escrito; no suena ni fruncido ni a los Atletas de la Risa, lo que es todo un logro. Como ya se dijo, lo que leeremos en esta parte corresponde, no a una grabación, tampoco a la voz en off de un narrador omnisciente (Morgan Freeman doblado al español latino), se trata de la escritura del recuerdo que tiene el narrador en la memoria. Y o tiene muy buena memoria o es un mentiroso descarado.

H.3.2. Casualidad.3 (C.3). En un punto de la trama de CAR, Rivas va a la casa del dueño de la mochila a devolvérsela. Es recibido por un anciano que, convenientemente para el relato, lo confunde con Rucio, su hijo perdido.

H.3.3. Impostura y desconfianza. Rivas le sigue la corriente al viejo, pero duda si lo confunde en serio o no. Había olvidado mencionar que en CAR la acción ocurre durante Fiestas Patrias, así que resulta natural que anciano y Rivas se pongan a empinar el codo. Lo que sí es extraño y divertido es que monten la parrilla, destartalada como debe ser, ¡para hacer una piña! Bueno, en el tercio final de la juerga, Rivas va al baño, ve un montón de cajas apiladas, de procedencia ilícita, está seguro, revisa una, descubre una máquina que no sabe para qué sirve y decide robarla. Robo gratuito, por puro hacer daño. Además, robo a un ladrón. En verdad, Rivas tiene salidas bastante originales, que lo hacen intervenir en el relato como una suerte de Pedro Urdemales, igual de malicioso, igual de winner, pero libre de toda atadura utilitarista.

H.3.4. Rivas cuenta que la máquina robada quedó tirada en el patio, hasta que, durante un asado, un sobrino le preguntó a cuánto le vendía la soldadora. En ese momento decidió que lo correcto era devolverla, pedir disculpas al viejo, en suma, enmendarse, actuar con decencia.

H.3.5. Casualidad.4 (C.4). ¿Cómo se dice cuando algo debiese coincidir, pero no coincide? Llamemos a esto incongruencia. Visto desde cierto punto de vista, la incongruencia tiende a ser casual. El caso es que Rivas vuelve a la casa del viejo, pero resulta que él ya no vive allí. Viven unas ecuatorianas.

H.3.6. La historia termina con Rivas perdiéndose en boca del Metro Baquedano. Previamente, en H.1, el protagonista ha declarado que sigue sin saber si CAR da alguna luz sobre las motivaciones artísticas de Rivas. Ahora, al final, se encarga además de empañar la fiabilidad de Rivas en tanto narrador de CAR, lo que, dadas las circunstancias, va mucho más allá de detalles de la narración oral: siente un rechazo pasajero hacia Rivas y, en sus palabras, se le aparece el fantasma de la sospecha; sintió además que había algo más grave que el robo de la soldadora que Rivas callaba; recuerda que Rivas le había dicho que le contaría la pura verdad y se cuestiona por qué le importaba tanto que le creyese; intenta retener a Rivas con otro schop que no le acepta; Rivas le dice que puede apropiarse de CAR, que solo le pide que no use su nombre; el narrador le pregunta cómo dijo que era su apellido (recordemos que va de civil, sin el apellido en el uniforme). Tal cual, responde Rivas sin responder, y se para para irse poniéndole una mano en el hombro al narrador, lo que le impide pararse a su vez de la silla. Esto es todo.

*

Abandono ahora la numeración y simbología de antes pues, en mis intenciones, solo pretendía hacer más limpia y clara la horrible carnicería del análisis crítico. Es cierto que fui dejando algunos comentarios aquí y allá cuando me pareció que era oportuno, pero igual quiero hacer unos apuntes más:

La cosa de la ficción/autoficción/metaficción

En la diada ficción/autoficción, entendiendo por ficción que todo es inventado y por autoficción que hay cosas que son verdad y otras inventadas, las fotos, sobre todo la del etiquetado del juego del plinto en la que figura el nombre del autor, le dan anclaje verificable a parte de CCH. El resto podría someterse a la misma lógica del narrador, pero a la inversa: ¿Por qué debería interesarle que le creamos o no? Ahora, en cuanto al costado metaficcional, entendiendo por tal a la escritura que se cuestiona a sí misma, sostengo que CCH jamás se cuestiona a sí mismo en conjunto; todos los cuestionamientos van dirigidos a CE, del que no leímos una sola línea, en relación a la atribución de chilenidad a una obra o chilenización de la escritura literaria, y a CAR, en relación a su fiabilidad narrativa y eficacia explicativa de la escultura de Rivas. Así, pese a las apariencias, CCH no es un cuento particularmente metaficcional, es un cuento bastante seguro de sí mismo, es decir, de la eficacia de su escritura.

Aprovecho para escribir algo a lo que le vengo dando vueltas: la autoficción, o eso que se ha dado en llamar literaturas del yo, ha sido bastante vapuleada por la crítica, sobre todo por la de mi propio espectro político: estética del narcicismo, pura banalidad, mercantilización de la intimidad, escritura PIME, funcional a la ideología individualista del neoliberalismo, etcétera. Es cierto, pero me gustaría discutirlo un poco (siempre he pensado que es más de izquierda discutir y hasta pelearse con la izquierda que enzarzarse con los fachos). Creo que las críticas a la autoficción que anoté tienen, sin embargo, más que ver con las cosas que narra ese yo semirreferencial que con la decisión formal de narrar las cosas que le pasan a uno mediante una escritura literaria que exhibe su propia condición de escritura. Si se quiere hacer un juicio estético/político serio a la autoficción, creo, habría que centrarse en las implicancias de sus aspectos formales más que en si el narrador cuenta que se tomó un helado de vainilla, lo dejó la polola o un paco le contó un cuento inquietante.

Las fotos

¡Ah! Las fotos. Uno de mis mejores amigos es fotógrafo, así que estoy acostumbrado a levantar discretamente una ceja cuando le oigo aludir a historias que cuentan las fotos. Pero al grano, ¿qué hacen en el cuento aparte de generar un marcador referencial en la realidad? ¿Cuentan una historia? ¿En qué sentido cuentan una historia si admitimos que la cuentan? No en el mismo sentido en que una narración escrita u oral cuenta una historia, eso es seguro. Si su disposición en CCH tiene alguna lógica, está bien escondida.

Paul Auster

Me atrevo a afirmar que si hay algo que Paul Auster tuvo fue hacer de la casualidad y la coincidencia la especialidad de la casa. No sé si eso lo complementó con personajes excéntricos como Rivas. Tendría que releerlo. El asunto es el siguiente. Creo que no soy el primero en notar que la narración, es decir, escribir narrativa, es trabajoso y cuesta un poco avanzar o, derechamente, decidirse a comenzar. En este sentido, creo que Matías Correa hizo bien en encomendarse a Auster: sin casualidades y personajes raros, el arte narrativo se volvería bastante impracticable.

¿ACAB o no ACAB?

Estoy tratando de responder por qué el CCH me pegó retardado un rato después de terminar de leer. Primero que todo, no creo que todos los policías sean bastardos, no por afecto a la policía, nada más lejos, sino por motivos de conciencia: no soporto las generalizaciones indebidas. Pero no sé. Suena tonto, pero uno igual se pregunta: si este paco es capaz de andar haciendo obras de arte conceptual, ¿de qué más será capaz? En nada bueno debe andar y así por el estilo. El que leyó Estrella distante de Bolaño se pasa otras películas más. Lo cierto es que CCH sugestiona: vemos cosas que no están allí. Cosas distorsionadas, confusas, como un collage de pesadillas. Si nos preguntaran, podríamos admitir que en realidad no están. Pero las vemos igual. Pienso que podría conectar interpretativamente lo anterior de alguna manera con el vacío de la estatua, pero no me quiero pasar de listo.

sábado, 19 de septiembre de 2026

Ford Madox Ford sobre la crítica literaria


El recorte es de Ford Madox Ford citado por Julian Barnes en su ensayo O Unforgetting Elephant. Lo traduciría sin IA pero me da flojera. Me conformo con lo siguiente: 

Un wharthog

Harriet Monroe

Una portada de la revista Poetry
Una portada de la revista Poetry

jueves, 17 de septiembre de 2026

Payas fomes

Hemos escuchado harta paya en lo que va del mes. Payas de cadenas de supermercados, payas en los matinales, paya del presidente. Pero no son payas, son versos memorizados, escritos por guionistas o asesores. ¿No nos deja con mala conciencia esta farsa? ¿No rebaja un poco la moral de la nación? Improvisen en esto por favor.

Acá el video de paya de Kast. Creo que su interés literario radica en que el texto afirma la fomedad gubernamental sin renunciar del todo a la gracia y picardía propias del género, pero la incurable fomedad de la declamación termina anulando cualquier atisbo de eficacia poética.  

martes, 15 de septiembre de 2026

Otra novela realista de Elena Aldunate

Francisca y el otro
(Pomaire, 1981) es una novela que cumple pero, desde luego, no supone una renovación del realismo tal y como lo venimos conociendo desde Balzac hasta la última serie estrenada la semana pasada en streaming. Para empezar, está narrada, mimética y transparentemente, en una tercera persona omnisciente, bastante objetiva en su despliegue —hay matices, claro, como la tenacidad en llamar muchacha a Francisca, la protagonista, que no tardamos en enterarnos está casada y ya tiene 26 años—. Francisca es, además, una mujer excepcional, tanto por sus rarezas interiores como por sus extravagantes acciones. Así, usando la tipología de Lukács, se ajusta suficientemente bien al rol de heroína problemática. Por otro lado, se aprecia en la autora la voluntad de dotar a sus personajes de algún grado de espesor psicológico: pensamientos, gestos de carácter y datos biográficos se multiplican en la narración. Finalmente, la obra se estructura según la usual progresión cronológica de principio, desarrollo y final cerrado con letras mayúsculas.

El primer impulso narrativo se consigue a partir de causalidad: Francisca, acompañada de Andrés, su marido, hace parar un taxi, se despide de él y sube sola. ¡Y resulta que el taxista conoce al marido de los viejos tiempos! En una conversación que trasciende la típica cháchara del rubro techo amarillo, el taxista revela inocentemente a Francisca que su marido estuvo casado con una bailarina llamada Inés y que había tenido un hijo con ella. La información cae como una chispa en el pasto seco de su matrimonio infeliz y sin hijos y, a partir de aquí, se dispara la trama, por así decirlo, policial de la novela: Francisca comenzará una afiebrada pesquisa siguiendo las pistas que la llevarán a descubrir el oscuro secreto que oculta su marido. La distribución asimétrica de la información de la que dispone cada personaje en relación al enigma de fondo permite a la autora lograr un puñado de pasajes cargados de tensión. Trenzada a la anterior, coexiste otra trama medio existencial, medio psicoanalítica, medio esotérica: la inmadurez, el desgaste de la vida matrimonial, la nostalgia de los tiempos pasados, el tedio vital y la fantasmagórica solución que se inventa la protagonista para afrontar estas tribulaciones: la elusiva figura del “otro”.

Toda la acción se desarrolla en el ambiente, por así decirlo, moral y material, de la clase alta santiaguina de finales de los setenta. No insistiré en una obviedad: esto tiene un significativo valor documental.

*

La trayectoria literaria de Elena Aldunate invita a detenerse en la proliferación de alusiones cifi presentes en esta obra ajena al género (conté 17). Copio y pego 3 de ellas:

“El teléfono público inunda de luz pálida la esquina entre la bifurcación de las calles Vespucio y Vitacura, ofreciendo ayuda inmediata. Su forma habla de escafandra espacial. Su forma habla de escafandra espacial, de tragamonedas, de futuros robots de uso doméstico. Emblema actual de lo más inherente al hombre, la palabra. Hitos que marcaron el comienzo de otra era.” (p. 194)

“Solo de vez en cuando, desde el fondo de una ventana, el cuadro azulino del televisor da, al que lo mira de repente, la absurda sensación de que en aquella casa, en aquel departamento, ha entrado un invasor, un extraterrestre que mantiene prisioneros y en silencio a los humanos que allí están.” (195)

“-Oye, Verónica, ¿tienes prejuicios raciales? O es que te dan miedo solamente… A mí me habría gustado conocer a un hombre de cada raza: un negro, un chino, un ruso, y, ¿sabes?, un astronauta. Deben ser fascinantes esos héroes del espacio. ¿No crees?” (p. 92)

En lo que a mí concierne, cada novelista tiene perfecto derecho a explotar el filón metafórico del que disponga, pero igual es llamativo cuando le dan tanto a lo mismo. Me recordó a Ford Madox Ford, cuya literatura parece el Arca de Noé. Puede que venga a cuento apuntar aquí algo que dijo sobre la crítica literaria: que solía parecerse a alguien que recrimina a un cumplido jabalí verrugoso por no ser un buen elefante. Terminando este paréntesis cifi, solo quiero anotar que la 1ra y 2da son citas a la narradora y la 3ra, a la protagonista. Es frecuente que la voz del narrador se infiltre en la de los protagonistas, pero como que me da suspicacia. No sé decir si solo comienzo a desconfiar de su fiabilidad o si además se me empieza a pasar el efecto de la suspensión de la incredulidad.

Creo que es justo introducir un dato contrafactual respecto a lo dicho antes sobre el lugar de la cifi en la obra: ¡un auténtico momento nerudiano!

“Al pasar, almuerzan erizos en la hostería de la Isla Negra.

¡Erizos! Aquel molusco erizado y blando, granulado, cremoso y agresivo, llena la boca de Francisca de oscuras ansias. Sexo naranja y marino. Sabor varonil con suave textura de mujer. Caparazón ornamentado, pequeña obra maestra de sirena septentrional.”

Me queda la última digresión. Cito una reflexión íntima de la protagonista: “Para que la trampa no se note y la civilización se ría de la tierra hay un mundo vegetal que cada día pierde más terreno. Lo malo es que el cemento fragua rápido y un arbolito demora años en dar sombra… “(p. 92)

Ahora un pasaje que combina teoría y práctica:

“-Mira, yo por ningún motivo cortaría ese árbol. (…)
Francisca pone sus manos en la rugosa corteza y siente en el latir de esa vida centenaria la súplica vegetal. Es el su derecho a la vida, como es el derecho de ella, de salvar su matrimonio. Sin saber por qué, la textura de ese tronco le recuerda oscuramente una presencia masculina… y es una mujer la que piensa matarlo. Mira hacia abajo, imaginando los miles de insectos que se refugian en él; mira hacia arriba y siente volar los pájaros que van construyendo nidos donde polluelos feos e indefensos esperan que sus alas crezcan. Hay un polluelo humano en su vientre que espera hace tanto tiempo… la sombra frondosa le acaricia las manos, calmando su angustia. ¡No permitirá que lo corten!” (p. 94)

En estos y otros pasajes reconocemos a la burguesía espiritual, hippie chic, New Age, tan vigente hasta nuestros días, tan objeto de meme.

*

Al partir esta crítica apunté que la novela acababa en un final con letras mayúsculas. Bueno, normalmente evitaría espoilear, pero encuentro que resulta estrictamente necesario. Sin más rodeos, al final resulta:
En la arista policial: a) que Andrés sí estuvo casado con Inés; b) que Inés estaba esperando guagua; c) que Inés murió al caer de la escalera durante una pelea con Andrés; d) que Andrés afirma que se resbaló, que él no la empujó.
En la arista esotérica: que el “otro” de Francisca es obra de su activa imaginación. Se trataba de la personificación de Andrés del pasado, de cuando era más idealista, no tan trabajólico y parecía más enamorado.
THE END: Francisca le cree a Andrés lo del accidente y le confiesa el asunto del “otro”. Él comprende. Se abrazan. Lloran. Etcétera.

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Francisca y el otro es claramente literatura de derecha. Sí, ¿pero en qué sentido?

Desde el punto de vista del tema y su tratamiento, diría que la novela se sitúa en una suerte de realismo social inverso, uno que busca reafirmar en lugar de impugnar el entorno social que representa. Ahora, en su aspecto formal, la novela me parece incluso más de derecha. Me explico. Creo que, en términos de atribución política, la concepción y recepción de la novela realista suele atender únicamente al contenido que llena el molde, desentendiéndose vastamente del molde en sí mismo. Simplificando, una obra que aborde el lado humano de un alto ejecutivo que lo pierde todo sería de derecha, mientras otra sobre trabajadores alienados de un mall que deciden boicotear la producción sería de izquierda. Hasta aquí las diferencias, ya que ambas obras estarían muy bien escritas, serían publicadas por editoriales del mismo holding, el periodismo cultural las recibiría con interés equivalente y convivirían una al lado de la otra en las vitrinas de las más prestigiosas librerías. En lo que a mí respecta, ambas obras son igualmente conservadoras y, estéticamente, es decir, políticamente, complacientes con el statu quo literario. Todo lo dicho puede ser predicado de Francisca y el otro, novela que, en términos de Ford Madox Ford, no es un muy buen elefante, ni tampoco un buen cerdo verrugoso, como sí lo son otras obras contemporáneas. Pienso en Lumpérica (1983) de Diamela Eltit.

Un apunte suelto: por su trayectoria, Elena Aldunate ha sido llamada La dama de la ciencia ficción chilena. Cabe preguntarse entonces qué es la ciencia ficción o, si se quiere, qué es la ciencia ficción chilena. Mi respuesta: no mucho más que el molde de la novela realista llenado con robots, alienígenas o máquinas del tiempo escritas en lengua vernácula.

Levantando la vista del del texto impreso, juzgo que sacar un libro así, el año 81, no solo es frívolo: es derechamente inmoral y sitúa a su autora en el radio de aquellos a los que Piñera denominó cómplices pasivos de la Dictadura. No creo estar exagerando. Termino con esto: en un pasaje el matrimonio viaja a la playa. Es una romántica escena de carretera: él conduce, ella contempla pensativamente el paisaje. Entonces, al llegar a Tejas Verdes, ella le cuenta una anécdota automovilística del padre en la que este, cruzando el puente sobre el río Maipo, se topaba de frente con otro vehículo que le cortaba el paso. Ambos conductores se bajan encolerizados. El padre “(…) levantó las manos como si tuviera dos revólveres y gatillando gritó: ¡Pum, pum…! Te maté primero.” Francisca sigue contándole al marido: “Con esta salida, quedaron íntimos amigos. ¿Y sabes quién era? El doctor Murillo.” (p. 162) ¿Podría desconocer Elena Aldunate que precisamente en Tejas Verdes funcionó un campo de prisioneros políticos? ¿Que allí se torturó y ejecutó a personas? Tal vez sí, tal vez no. De todos modos, me la imagino como una mujer de mundo, alguien que perfectamente podría haber leído de Tejas Verdes. Diario de un campo de concentración en Chile de Hernán Valdés, publicado en 1974, en España, por editorial Ariel. Si no lo hizo, no es para aplaudirla tampoco.

sábado, 5 de septiembre de 2026

Guaguas rusas y laucha gringa

Este recorte es de Diario de un escritor de F.M. Dostoyevsky [sic], en la traducción del misterioso P. Shostakovsky (su nombre encabeza página por media del libro). Como mi ejemplar se le han caído las primeras hojas, he averiguado que apareció en Santiago, por Editorial del Pacífico, en 1975. Atención con la última línea: 

¡Guaguas! No bebés. No niños pequeños. Guaguas, del aymara wawa. Guaguas, como se dice en Chile, no en español latinoamericano de doblaje de Netflix. 

En un espíritu afín, este otro recorte de Los Malditos y los Bellos, como traduce María Angélica Grau la novela The Beautiful and Damned de Fitzgerald. El libro lo publicó Zig-Zag en 1970.   


Copio del Diccionario de americanismos:
 
laucha. I. (Del map. laucha o llaucha). 
1. f. Pe:S, Bo, Ch, Py, Ar, Ur. Ratón, especialmente pequeño. 

En síntesis, estas estupendas traducciones locales proponen: 

ребёнок         =         guagua
mice               =         laucha

Solo me resta agregar:❤️

P.D.: Escribiendo esto me entero que no existen emojis ni de la wiphala aymara ni de la bandera mapuche más famosa. ¡Un escándalo! ¡Con lo lindas y coloridas que son! 😡

viernes, 21 de agosto de 2026

Lo mejor en la tele

Lo mejor en la tele es ¡Qué dice Chile! de Canal 13. La dinámica es la típica: quien aprieta primero el botón responde la pregunta, va sumando puntos y al final hay un premio. Lo bkn en realidad es que no es un programa de conocimientos en el sentido usual del término. Se trata de achuntarle a las respuestas más populares que un grupo de 100 chilenos dio a encuestas de la vida cotidiana. Propongo un ejemplo, que en realidad es una pregunta que me vengo haciendo toda la mañana. Martín Cárcamo dice: Le preguntamos a 100 chilenos... Mencione una razón por la que alguien está acostado en una cama. Si quiero ganar el juego no me conviene pensar solo en mi mismo, onda, leyendo un ensayo filosófico o algo demasiado excéntrico, onda, ensayando para una obra de teatro. Lo que realmente me conviene hacer es pensar en qué respondieron esos 100 chilenos que, asumo de buena fe, son representativos de la comunidad lingüística a la que pertenezco o, como diría el segundo Wittgenstein, tener en cuenta los juegos de lenguaje al uso. Así, seguro que respuestas como flojeando, mirando tele o sencillamente durmiendo tendrían más probabilidades de sumar puntos.    

jueves, 20 de agosto de 2026

Los perros jadean


Narrada en primera persona, indirecto libre, temporalidad no lineal, planos de realidad inestables e incorporando materiales propios del surrealismo, la novela de Garib alcanza, por fecha, a situarse entre las obras más innovadoras de aquella década extendida: 1957 a 1972. Llega, eso sí, a la zaga de Droguett y Donoso.

Festín para inválidos (Quimantú, 1972) trata, a grandes rasgos, de las tribulaciones amorosas, laborales y médicas de un oficinista. Forzando un poco la lectura, la obra podría entenderse como una suerte de manuscrito que el narrador va escribiendo, muy en la línea de su modelo obvio: Memorias del subsuelo de Dostoievski. Pero el caso es que, a diferencia de Memorias, no queda claro que la novela sea realmente una escritura en marcha. El narrador no dice "estoy escribiendo". Se desperdicia así la oportunidad de exhibir un dispositivo de mediación narrativa que ligaría la novela al mundo de la vida.

El héroe de Festín abunda en frases inteligentes, juegos de palabras, imágenes esperpénticas, gordofobia, misoginia, individualismo, esnobismo y desprecio por todas las clases sociales. Terminé con la impresión de que el autor se la pasó mucho mejor escribiendo de lo que yo me la pasé leyendo.

Solo copiaré un pasaje buscando ilustrar lo del desprecio: “A diario observo el trajín de las calles, a la masa humana uniformada, adocenada, deslizarse por los caminos como autómatas, hechos en una misma máquina, en un mismo molde, bajo la aleación muy conocida de: imbecilidad más sumisión. Ni el más mínimo gesto de malestar. Quietitos y ordenaditos, mantienen los ojos bajos y la boca cerrada, para no ofender al pudor, marchan al redoble de un tambor de sonido monocorde, monótono. ¡Plan... plan... plan! Si alguien bosteza, todos bostezan. Si alguien se detiene, todos los imitan en los más mínimos gestos, como asimismo al saludar. "Buenos días". Y se inclinan más de lo previsto. ¡Bisagras desgraciadas! No hay salvación posible, irremediablemente llegará la condena.”

No sé si al lector, pero a Lenin esto le sonaría a derrotismo contrarrevolucionario (y fragmentos como este hay montones). Sin embargo, la izquierda literaria de la época recibió la novela con entusiasmo, viendo en su protagonista a una especie de paladín de la rebelión contra el trabajo alienado. Nada más mirar la portada uno se entera de que ganó el Premio Nicomedes Guzmán 1971. A propósito, una curiosidad: encontré un recorte de prensa que, entre otras cosas, denuncia los contratiempos del autor para cobrar el premio. 


En fin, no quiero que esta crítica termine sin un necesario acto de justicia. Escribe Garib en la página 63: “el can se había guarecido debajo del banco y asomaba de vez en cuando su hocico -con gotitas de sudor cristalino en los pelos de sus narices (...)”. Pues bien, los perros prácticamente no sudan: en vez de eso, jadean.


miércoles, 12 de agosto de 2026

Mac, el microbio políticamente inmaduro


Las profes de la básica rara vez consiguieron imponerme alguna lectura obligatoria. Lógicamente, esto dejó importantes vacíos en mi formación literaria temprana que, a ratos, cuando estoy de ánimo, trato de ir llenando. Dicho lo anterior, vuelvo a una lectura de los tiempos de la Pandemia. Entonces se me ocurrió echarle un vistazo al libro Mac, el microbio desconocido (Zig-Zag, 1947),de Hernán del Solar. El título siempre me había resultado atractivo, no tanto como para leer el libro, pero sí lo suficiente como para retenerlo en la memoria. Encontré el PDF a la primera búsqueda y, después de unos minutos de lectura superficial y zigzagueante, pude concluir que la obra trata, más que de microbios, del peligro de las incursiones políticas juveniles, las que el autor sugiere estarían invariablemente destinadas al fracaso. 

Resumo: Mac es un joven microbio que decide desoír la prudencia de los microbios mayores y emprender una expedición contra los humanos. Junto a otros microbios adolescentes consigue penetrar en el organismo de María Angélica, la niña cae enferma, pero la respuesta no tarda en llegar: los médicos desarrollan una vacuna llamada Loc, que termina derrotando a Mac y a sus compañeros. La aventura revolucionaria concluye, por tanto, como corresponde a toda incursión política juvenil según el pesimismo reaccionario del novelista: con los muchachos derrotados, sus fuerzas diezmadas y el protagonista expulsado del organismo del que pretendía hacerse con el poder. 

En el pasaje que más me quedó grabado, casi al final, Mac, ya derrotado, maldice a María Angélica. A continuación, el narrador introduce una oscura sentencia que no pretendo entender: (…) nadie ignora que la maldición de un microbio, por terrible que sea, no le hace mal sino al mismo microbio, aunque hay autores que sostienen lo contrario.

La ley de Teitelboim o la superioridad moral y/o intelectual como arma

 

A partir de declaraciones de Volodia Teitelboim puede sintetizarse una suerte de axioma según el cual las personas de derecha o son malas o son tontas. De ello se desprende, por oposición, que las de izquierda seríamos o buenas o inteligentes.

Resulta concebible, además, que dichos atributos —mala, tonta, buena e inteligente— se den en forma copulativa. Simplificando un tanto las cosas, podríamos identificar las siguientes combinaciones:

1. Persona de derecha

1.1. Mala y tonta: gorila fascista.

1.2. Mala e inteligente: sociópata del Departamento de Inteligencia.

1.3. Buena y tonta: lacayo patronal pobre de espíritu.

2. Persona de izquierda

2.1. Buena e inteligente: paladín del pueblo.

2.2. Buena y tonta: militante de pocas luces.

2.3. Mala e inteligente: estratega revolucionario comedor de guaguas.

Como se aprecia, de acuerdo con la que llamaremos Ley de Teitelboim, tanto las personas de izquierda como las de derecha podrían llegar a ser buenas y tontas o malas e inteligentes. Se distinguirían, sin embargo, en que solo las primeras podrían alcanzar el colmo de la virtud, es decir, ser buenas e inteligentes, mientras que ser malas y, además, tontas estaría reservado exclusivamente a las de derecha.

De lo anterior se desprende que tenemos tres categorías posibles para cada bando. Si cada una de las categorías de izquierda puede enfrentarse con cada una de las categorías de derecha, obtenemos nueve escenarios posibles. La ventaja de este procedimiento es que permite sustituir una discusión política, que suele ser bastante desagradable, por una operación matemática de relativa sencillez.

La utilidad de la Ley de Teitelboim radica precisamente en que permite predecir el triunfo moral y/o intelectual de la izquierda sobre la derecha en seis de los nueve escenarios posibles, con dos empates y una sola derrota, asumiendo que la bondad, en tanto virtud, prevalece sobre la inteligencia:

Izquierda

    Derecha

    Resultado

1. Buena e inteligente

    Mala y tonta

    Izquierda

2. Buena e inteligente

    Mala e inteligente

    Izquierda

3. Buena e inteligente

    Buena y tonta

    Izquierda

4. Buena y tonta

    Mala y tonta

    Izquierda

5. Buena y tonta

    Mala e inteligente

    Izquierda

6. Buena y tonta

    Buena y tonta

    Empate

7. Mala e inteligente

    Mala y tonta

    Izquierda

8. Mala e inteligente

    Mala e inteligente

    Empate

9. Mala e inteligente

    Buena y tonta

    Derecha

Tenemos, por lo tanto, una tasa de victoria de dos tercios para la izquierda. No parece necesario efectuar mayores cálculos para comprender que se trata de una ventaja considerable, aunque sería irresponsable descartar la posibilidad de que en un futuro estudio aparezcan factores que modifiquen estos resultados, como el clima, la abstención electoral o que el adversario, contra todo pronóstico, resulte ser simpático.

Estimamos que conocer las implicancias de la Ley de Teitelboim permitirá a los cuadros revolucionarios afrontar en forma más efectiva la lucha discursiva en asambleas, concentraciones, reuniones familiares, de camaradería y, sobre todo, en las redes sociales. Ante la aparición de un adversario que sostenga una opinión contraria, bastará determinar a cuál de las tres categorías pertenece para saber, con un grado razonable de anticipación, quién se impondrá.

Finalmente, llamamos la atención sobre la relativa esterilidad de emplear adjetivos calificativos como si fueran trincheras y municiones. ¿Qué seguirá a continuación? ¿Decirles que además son feos Sinceramente creemos que se hace necesario emplear otros métodos si lo que queremos es aplastar a nuestros enemigos como cucarachas.

Ambito de acción

 


 Latin American Literature Today, 2020. 

Fuego amigo







Humans Can Be Very Depressing, Interview Magazine, 2025. 


Maupassant en Chile (III)

Dos apuntes sobre política y biopolítica en Bola de Sebo (Soluciones Escolares, Santiago, 1995). -Cornudet es el personaje izquierdista de ...