viernes, 21 de agosto de 2026

Lo mejor en la tele

Lo mejor en la tele es ¡Qué dice Chile! de Canal 13. La dinámica es la típica: quien aprieta primero el botón responde la pregunta, va sumando puntos y al final hay un premio. Lo bkn en realidad es que no es un programa de conocimientos en el sentido usual del término. Se trata de achuntarle a las respuestas más populares que un grupo de 100 chilenos dio a encuestas de la vida cotidiana. Propongo un ejemplo, que en realidad es una pregunta que me vengo haciendo toda la mañana. Martín Cárcamo dice: Le preguntamos a 100 chilenos... Mencione una razón por la que alguien está acostado en una cama. Si quiero ganar el juego no me conviene pensar solo en mi mismo, onda, leyendo un ensayo filosófico o algo demasiado excéntrico, onda, ensayando para una obra de teatro. Lo que realmente me conviene hacer es pensar en qué respondieron esos 100 chilenos que, asumo de buena fe, son representativos de la comunidad lingüística a la que pertenezco o, como diría el segundo Wittgenstein, tener en cuenta los juegos de lenguaje al uso. Así, seguro que respuestas como flojeando, mirando tele o sencillamente durmiendo tendrían más probabilidades de sumar puntos.    

jueves, 20 de agosto de 2026

Los perros jadean


Narrada en primera persona, indirecto libre, temporalidad no lineal, planos de realidad inestables e incorporando materiales propios del surrealismo, la novela de Garib alcanza, por fecha, a situarse entre las obras más innovadoras de aquella década extendida: 1957 a 1972. Llega, eso sí, a la zaga de Droguett y Donoso.

Festín para inválidos (Quimantú, 1972) trata, a grandes rasgos, de las tribulaciones amorosas, laborales y médicas de un oficinista. Forzando un poco la lectura, la obra podría entenderse como una suerte de manuscrito que el narrador va escribiendo, muy en la línea de su modelo obvio: Memorias del subsuelo de Dostoievski. Pero el caso es que, a diferencia de Memorias, no queda claro que la novela sea realmente una escritura en marcha. El narrador no dice "estoy escribiendo". Se desperdicia así la oportunidad de exhibir un dispositivo de mediación narrativa que ligaría la novela al mundo de la vida.

El héroe de Festín abunda en frases inteligentes, juegos de palabras, imágenes esperpénticas, gordofobia, misoginia, individualismo, esnobismo y desprecio por todas las clases sociales. Terminé con la impresión de que el autor se la pasó mucho mejor escribiendo de lo que yo me la pasé leyendo.

Solo copiaré un pasaje buscando ilustrar lo del desprecio: “A diario observo el trajín de las calles, a la masa humana uniformada, adocenada, deslizarse por los caminos como autómatas, hechos en una misma máquina, en un mismo molde, bajo la aleación muy conocida de: imbecilidad más sumisión. Ni el más mínimo gesto de malestar. Quietitos y ordenaditos, mantienen los ojos bajos y la boca cerrada, para no ofender al pudor, marchan al redoble de un tambor de sonido monocorde, monótono. ¡Plan... plan... plan! Si alguien bosteza, todos bostezan. Si alguien se detiene, todos los imitan en los más mínimos gestos, como asimismo al saludar. "Buenos días". Y se inclinan más de lo previsto. ¡Bisagras desgraciadas! No hay salvación posible, irremediablemente llegará la condena.”

No sé si al lector, pero a Lenin esto le sonaría a derrotismo contrarrevolucionario (y fragmentos como este hay montones). Sin embargo, la izquierda literaria de la época recibió la novela con entusiasmo, viendo en su protagonista a una especie de paladín de la rebelión contra el trabajo alienado. Nada más mirar la portada uno se entera de que ganó el Premio Nicomedes Guzmán 1971. A propósito, una curiosidad: encontré un recorte de prensa que, entre otras cosas, denuncia los contratiempos del autor para cobrar el premio. 


En fin, no quiero que esta crítica termine sin un necesario acto de justicia. Escribe Garib en la página 63: “el can se había guarecido debajo del banco y asomaba de vez en cuando su hocico -con gotitas de sudor cristalino en los pelos de sus narices (...)”. Pues bien, los perros prácticamente no sudan: en vez de eso, jadean.


miércoles, 12 de agosto de 2026

Mac, el microbio políticamente inmaduro


Las profes de la básica rara vez consiguieron imponerme alguna lectura obligatoria. Lógicamente, esto dejó importantes vacíos en mi formación literaria temprana que, a ratos, cuando estoy de ánimo, trato de ir llenando. Dicho lo anterior, vuelvo a una lectura de los tiempos de la Pandemia. Entonces se me ocurrió echarle un vistazo al libro Mac, el microbio desconocido (Zig-Zag, 1947),de Hernán del Solar. El título siempre me había resultado atractivo, no tanto como para leer el libro, pero sí lo suficiente como para retenerlo en la memoria. Encontré el PDF a la primera búsqueda y, después de unos minutos de lectura superficial y zigzagueante, pude concluir que la obra trata, más que de microbios, del peligro de las incursiones políticas juveniles, las que el autor sugiere estarían invariablemente destinadas al fracaso. 

Resumo: Mac es un joven microbio que decide desoír la prudencia de los microbios mayores y emprender una expedición contra los humanos. Junto a otros microbios adolescentes consigue penetrar en el organismo de María Angélica, la niña cae enferma, pero la respuesta no tarda en llegar: los médicos desarrollan una vacuna llamada Loc, que termina derrotando a Mac y a sus compañeros. La aventura revolucionaria concluye, por tanto, como corresponde a toda incursión política juvenil según el pesimismo reaccionario del novelista: con los muchachos derrotados, sus fuerzas diezmadas y el protagonista expulsado del organismo del que pretendía hacerse con el poder. 

En el pasaje que más me quedó grabado, casi al final, Mac, ya derrotado, maldice a María Angélica. A continuación, el narrador introduce una oscura sentencia que no pretendo entender: (…) nadie ignora que la maldición de un microbio, por terrible que sea, no le hace mal sino al mismo microbio, aunque hay autores que sostienen lo contrario.

La ley de Teitelboim o la superioridad moral y/o intelectual como arma

 

A partir de declaraciones de Volodia Teitelboim puede sintetizarse una suerte de axioma según el cual las personas de derecha o son malas o son tontas. De ello se desprende, por oposición, que las de izquierda seríamos o buenas o inteligentes.

Resulta concebible, además, que dichos atributos —mala, tonta, buena e inteligente— se den en forma copulativa. Simplificando un tanto las cosas, podríamos identificar las siguientes combinaciones:

1. Persona de derecha

1.1. Mala y tonta: gorila fascista.

1.2. Mala e inteligente: sociópata del Departamento de Inteligencia.

1.3. Buena y tonta: lacayo patronal pobre de espíritu.

2. Persona de izquierda

2.1. Buena e inteligente: paladín del pueblo.

2.2. Buena y tonta: militante de pocas luces.

2.3. Mala e inteligente: estratega revolucionario comedor de guaguas.

Como se aprecia, de acuerdo con la que llamaremos Ley de Teitelboim, tanto las personas de izquierda como las de derecha podrían llegar a ser buenas y tontas o malas e inteligentes. Se distinguirían, sin embargo, en que solo las primeras podrían alcanzar el colmo de la virtud, es decir, ser buenas e inteligentes, mientras que ser malas y, además, tontas estaría reservado exclusivamente a las de derecha.

De lo anterior se desprende que tenemos tres categorías posibles para cada bando. Si cada una de las categorías de izquierda puede enfrentarse con cada una de las categorías de derecha, obtenemos nueve escenarios posibles. La ventaja de este procedimiento es que permite sustituir una discusión política, que suele ser bastante desagradable, por una operación matemática de relativa sencillez.

La utilidad de la Ley de Teitelboim radica precisamente en que permite predecir el triunfo moral y/o intelectual de la izquierda sobre la derecha en seis de los nueve escenarios posibles, con dos empates y una sola derrota, asumiendo que la bondad, en tanto virtud, prevalece sobre la inteligencia:

Izquierda

    Derecha

    Resultado

1. Buena e inteligente

    Mala y tonta

    Izquierda

2. Buena e inteligente

    Mala e inteligente

    Izquierda

3. Buena e inteligente

    Buena y tonta

    Izquierda

4. Buena y tonta

    Mala y tonta

    Izquierda

5. Buena y tonta

    Mala e inteligente

    Izquierda

6. Buena y tonta

    Buena y tonta

    Empate

7. Mala e inteligente

    Mala y tonta

    Izquierda

8. Mala e inteligente

    Mala e inteligente

    Empate

9. Mala e inteligente

    Buena y tonta

    Derecha

Tenemos, por lo tanto, una tasa de victoria de dos tercios para la izquierda. No parece necesario efectuar mayores cálculos para comprender que se trata de una ventaja considerable, aunque sería irresponsable descartar la posibilidad de que en un futuro estudio aparezcan factores que modifiquen estos resultados, como el clima, la abstención electoral o que el adversario, contra todo pronóstico, resulte ser simpático.

Estimamos que conocer las implicancias de la Ley de Teitelboim permitirá a los cuadros revolucionarios afrontar en forma más efectiva la lucha discursiva en asambleas, concentraciones, reuniones familiares, de camaradería y, sobre todo, en las redes sociales. Ante la aparición de un adversario que sostenga una opinión contraria, bastará determinar a cuál de las tres categorías pertenece para saber, con un grado razonable de anticipación, quién se impondrá.

Finalmente, llamamos la atención sobre la relativa esterilidad de emplear adjetivos calificativos como si fueran trincheras y municiones. ¿Qué seguirá a continuación? ¿Decirles que además son feos Sinceramente creemos que se hace necesario emplear otros métodos si lo que queremos es aplastar a nuestros enemigos como cucarachas.

Ambito de acción

 


 Latin American Literature Today, 2020. 

Fuego amigo







Humans Can Be Very Depressing, Interview Magazine, 2025. 


Maupassant en Chile (III)

Dos apuntes sobre política y biopolítica en Bola de Sebo (Soluciones Escolares, Santiago, 1995). -Cornudet es el personaje izquierdista de ...